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domingo, 3 de diciembre de 2017

Reseña: "Voces de Chernóbil", de Svetlana Alexiévich


Autora: Svetlana Alexiévich
Editorial: Debolsillo
Traductor: Ricardo San Vicente
Año de publicación: 2016
Valoración: Muy recomendable

A Svetlana Alexiévich, sinceramente, no la conocía antes de que le otorgaran el Premio Nobel 2015, recuerdo que las críticas fueron muy elogiosas y, de forma general, reconocían lo merecido del galardón. Desde entonces tenía pendiente la lectura de algún libro suyo, aquí comento el primero que he leído, sé que no será el último (de hecho, acabo de comprar Últimos testigos).

Voces de Chernóbil no es un libro para leerlo de una sentada ni para esa época que estás dudando de la bondad ser humano, mejor monólogo a monólogo y en los días que estés de humor para escuchar cómo el poder soviético gestionó mal (a conciencia) la catástrofe de Chernóbil y, aún así, hubo personas que arrimaron el hombro sospechando que eran engañadas, pero su generosidad, entre otros motivos, les llevó a entregar su futuro, sus vidas. Svetlana, en una entrevista a sí misma incluida en el libro, nos comenta la obra: «Este libro no trata sobre Chernóbil, sino sobre el mundo de Chernóbil. […] me dedico a lo que he denominado la historia omitida, las huellas imperceptibles de nuestro paso por la tierra y por el tiempo. […] Intento captar la vida cotidiana del alma. La vida de lo ordinario en unas gentes corrientes. Aquí, en cambio, todo es extraordinario: tanto las inhabituales circunstancias como la gente, tal como les han obligado las circunstancias, elevándolos a una nueva condición al colonizar este nuevo espacio. Chernóbil para ellos no era una metáfora ni un símbolo, era su casa.»


Svetlana confecciona el libro recopilando las voces de distintas personas que estuvieron, directa o indirectamente, relacionadas con la catástrofe que se produjo el 26 de abril de 1986: periodistas, el presidente de la Fundación Para los Niños de Chernóbil, maestros, residentes de la zona prohibida, un médico rural, liquidadores, una doctora, padres de niños de Chernóbil, soldados… Esta variedad ofrece una visión caleidoscópica de cómo se sufrió el accidente y de las secuelas que produjo. El libro como memoria oral.


Las voces son estremecedoras, maldicen cómo en la mayoría de las ocasiones mandaron  a los equipos sin protección (o con simples mascarillas) y sin dosímetros, narran qué sintieron cuando tuvieron que abandonar sus pertenencias, susurran las dolencias y las ausencias padecidas, muestran la escasa información y descoordinación que hubo… Además del qué, sobrecoge el cómo lo cuentan, con una dignidad y entereza que, a veces, te exaspera ya que se les mintió directamente acerca de la catástrofe y, aún así, algunas voces apelan a la patria, al “carácter soviético”. Además, a lo largo del libro se destila cómo actuó el estado: ocultaron la magnitud de lo ocurrido, retiraron de las bibliotecas los libros sobre radiaciones, rayos X e Hiroshima, los comisarios políticos supervisaban la moral y comentarios de los que se afanaban en la contención, el teléfono se cortaba misteriosamente al hablar sobre el accidente…


Las voces son eso, ni más ni menos, monólogos no interrumpidos por Alexiévich, el fluir continuo de esas voces provoca que la confesión te atrape aún más, sientes que te lo cuentan a ti en una cálida confianza. Las voces son las protagonistas, sí, pero también sus silencios, los tres puntos suspensivos a veces provocan que te imagines el rostro jodido del que nace el recuerdo:

«Mi niña… Mi niña no es como los demás. Y cuando crezca me preguntará: ¿Por qué no soy como el resto? Cuando nació… No era un bebé, sino un saquito vivo, cosido por todos lados, sin una rendija, solo con los ojos abiertos.» 

A pesar de todo, y aunque parezca increíble, también hay hueco para los chistes, una de las pocas armas que pudieron esgrimir en la catástrofe. Y para el amor, aunque truncado por la radiación, primer y último monólogo del libro (ambos titulados ‘Una solitaria voz humana’). Entre ambos, todas las voces están dividas en tres partes, cada una de ellas compuesta por monólogos y terminada con un coro de voces, como en las tragedias griegas. En el epílogo queda claro que no hemos aprendido nada: «Visiten La Meca nuclear. Y a unos precios moderados.»

Un libro áspero, duro de leer, pero que merece la pena para intentar aprender, como en otras catástrofes y guerras, tanto del abuso del poder como de la generosidad y el heroísmo de algunas personas corrientes.



EXTRA PARA LOS INDECISOS
Para animar a leer a esta escritora, sea este o cualquier otro libro, y dado que en esta corta andadura del blog es el primer libro que reseño cuyo autor ha sido reconocido con el Nobel, es interesante leer los argumentos para el Nobel: Anuncio del Premio Nobel 2015 a Svetlana Alexiévich


Y aquí os dejo lo que se está convirtiendo en un clásico, un enlace (de la propia editorial) para que podáis leer algunas páginas Una solitaria voz humana


domingo, 5 de noviembre de 2017

Reseña: "Cicatriz", de Sara Mesa

Autora: Sara Mesa
Editorial: Anagrama
Año de publicación: 2015
Valoración: Recomendable


Perseguir a tu futuro fatiga; sobre todo, cuando es proyectado por tu Pigmalión y, además, es ajeno a ti. Pero, ¿qué podemos hacer con ese genoma que compartimos en más de un 97% con los orangutanes? Nada; bueno sí, abalanzarnos tras la banana proyectada y, una vez que presente y futuro se solapan, disfrutar de la transformación sufrida y tan verdaderamente ansiada por nosotros. 

El párrafo anterior podría ser la explicación que Knut ofrecería sobre su influencia en la pulsión creadora de Sonia, ambos protagonistas de ‘Cicatriz’; novela sobre la identidad (y su enmascaramiento) virtual y real, la @tracción/@versión y la dependencia.

Knut y Sonia se topan en internet. A través de las conversaciones vía email y los regalos que le remite, Knut va cincelando a Sonia interiormente, sin oposición intelectual, y exteriormente (desnudándola para vestirla) hasta que las astillas despedidas por la futura Galatea percuten en Knut, estableciéndose una relación boomerang con tintes sadomasoquistas. 

Ambos personajes son tangibles y creíbles pero Sonia, con sus dobleces e inseguridades, es más carnal que Knut, que presenta un carácter paradigmático como persona obsesiva y fetichista. El resto de personajes son el atrezo para justificar la doble vida que se impone Sonia.

¿Cuál ha sido la última novela en la que no has sentido empatía por ningún personaje?... Para mí no ha sido fácil encontrar la anterior a Cicatriz. La trama te mantiene expectante aunque con un desapego absoluto por Knut y Sonia. Yo prefiero sentirme más implicado, pero reconozco el mérito de atrapar al lector a pesar de no sentir afecto por ninguno de sus protagonistas (tal vez sea un efecto premeditado de Sara Mesa). Sin embargo, con el ánimo de mantener la tensión, se reiteran situaciones (robos y envíos de Knut; tanto robo sin que sea detenido parece poco creíble) que no aportan información adicional sino que se acumulan con las ya contadas. La narración, como si estuviera infectada por un virus internáutico, no es cronológica, sino desordenada, lo que permite al lector ir apuntalando la historia y, al tiempo, captar su atención aportando información a tras mano (recurso que no resulta tramposo); si acaso, me parece innecesaria la acotación temporal en los títulos de algunos capítulos.

Cicatriz, un libro que muestra un enfoque muy actual de nuestra sociedad cada vez más virtual, donde nuestro futuro, distorsionado por la verdad, la posverdad y la mentira, ha dejado, en parte, de ser nuestro.


EXTRA PARA LOS INDECISOS
En la página de la propia editorial podéis encontrar no una ni dos, sino un montón de reseñas reseñas del libro, pero ya tenéis esta, ¿no? ;) Por eso, os recomiendo leer algo del libro, en concreto, el Capítulo 0 (enlace de la propia editorial)

miércoles, 4 de octubre de 2017

Reseña: "El cine según Hitchcock", de François Truffaut

Autor: François Truffaut
Editorial: Alianza Editorial
Traductor: Ramón G. Redondo con la colaboración
Miguel Rubio, Jos Oliver y Ricardo Artola (cap. 16)
Año de publicación: 2016
Valoración: Imprescindible (cinéfilos)

Estamos de enhorabuena, costó contactar con él, pero lo conseguimos: ¡hemos entrevistado a Alfred Hitchcock! Lo primero, por supuesto, agradecerle que haya tenido a bien atender a este pequeño blog, y lo segundo aclarar que he     ‘limpiado’ la entrevista de onomatopeyas e improperios emitidos por mí ante los ruidos extraños, apagones de luz, ventanas abiertas… 

El hitchbook, como lo llamaba Truffaut, es una lectura imprescindible para los amantes del cine, también disfrutarán los apasionados de la pintura o de la lectura; no solamente es una reivindicación de la figura de Hitchcock, sino un monumento a una pasión: el cine. Sin más, os dejo con la entrevista.

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Javier CF: …Buenas noches, muchas gracias por atender a Basado en Cuentos Reales.

Alfred Hitchcock: Lamento haber entrado algo más tarde, pero se empeñan en contactar conmigo para preguntarme por Elvis, ya sabe la polémica… Usted quería hablar del libro de Truffaut, ¿no es así?, ¿qué le ha parecido?

JCF: Me ha entusiasmado. Por una parte, porque es muy exhaustivo, en la conversación que mantienen usted y Truffaut comentan en mayor o menor medida todas sus películas hasta 1962, cuando lo entrevistó a lo largo de unas cincuenta horas; además, también habla de los encuentros puntuales, incluso cartas, de años posteriores…

AH: Sí, así se pensó desde el principio. Truffaut me planteó, no sé en qué fecha lo hizo, contestar unas quinientas preguntas sobre mi carrera, pero analizada cronológicamente. Creo recordar que lo tenía todo muy bien estructurado…

JCF: Así es, para cada película charlaron sobre las circunstancias que rodearon su nacimiento, la elaboración del guión, los problemas de la puesta en escena y la estimación personal del resultado comercial y artístico respecto a las esperanzas iniciales.

AH: Así dicho, no parece un libro muy atractivo, parece demasiado aburrido.

JCF: No, ¡qué va! Se tratan esos puntos, pero no de una forma encorsetada. Su lectura es muy amena y enriquecedora; explica qué pretendía en ciertas escenas, el porqué del enfoque en determinadas tomas… Y, como le decía, el otro motivo por el que me ha entusiasmado el libro es por la honestidad de los comentarios; honestidad que es extraño encontrar, no solo en artistas sino en personas que desempeñen cualquier otra profesión de menos notoriedad.

AH: ¿A qué se refiere?

JCF: Bueno, tanto Truffaut como usted comentan sin ambages lo que no les gusta o lo que no les convence de las películas.

AH: Claro, claro… como en Atormentada, ¿no?, donde me equivoqué al pensar que contar con Ingrid Bergman era capital.

JCF: Sí, esa es una autocrítica que no todo el mundo sería capaz de hacer. Por otra parte, el análisis cronológico permite apreciar la evolución de su cine y comprobar cómo el planteamiento, que en muchas películas es el mismo, ha sido pulido con el paso del tiempo; aunque, por supuesto, ha realizado filmes que se alejan de esa idea común, como por ejemplo, Pero… ¿quién mató a Harry?

AH: Esa película es peculiar, elegí yo el tema y la rodé con mucha libertad, pero al finalizar, nadie sabía cómo explotarla, pero ¿qué decía del planteamiento?

JCF: Me explicaré mejor. Como se ilustra en el libro, muchas de sus obras presentan un mecanismo parecido, el del falso culpable: un personaje que es acusado, generalmente, de un asesinato que no ha cometido, debe encontrar y desenmascarar al verdadero culpable. Algo así como si se intercambiaran los papeles, ocurre en Inocencia y Juventud, Atrapa a un ladrón, Extraños en un tren…

AH: Sí, y permítame la broma, algo parecido a lo que está ocurriendo en esta entrevista: el entrevistador entrevistado. Hablando en serio, para algunos críticos todas mis películas se parecen, sin embargo, para mí, cada una de ellas representa una cosa nueva.

JCF: En verdad, esa especialización en un tipo de película (en su caso, el falso culpable) creo que puede apreciarse en otros directores.

AH: Sí, claro, algunos a los que he sobrevivido y otros a los que no, como Woody Allen, los Hermanos Marx… Volviendo a mi personaje de entrevistador, antes de leer el libro, ¿había visto todas mis películas?

JCF: La verdad es que no… había visto las más famosas. Creo que, aún conociéndolas todas, no diría que sea un libro para leer de una sentada, como una novela. Sino poco a poco, conforme se van viendo las películas, al menos así lo he hecho yo. Para terminar, e imitando a los que saben de periodismo, vuelvo al principio de nuestra conversación, ¿Elvis está vivo?

AH: …lamento decírselo, usted no se preocupe, me temo que pronto conocerá la respuesta por usted mismo…

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Hasta aquí la entrevista, espero que el humor de las películas de Hitchcock haya salido a relucir en esta última respuesta.



EXTRA PARA LOS INDECISOS
En esta ocasión, y en consonancia con el libro reseñado, os dejo un resumen de RTVE del documental Hitchcock/Truffaut (Kent Jones, 2015) que toma como eje El cine según Hitchcock.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Reseña: "La línea de sombra", de Joseph Conrad


Autor: Joseph Conrad
Editorial: Cátedra
Traductor: Ricardo Baeza
Valoración: Recomendable

Año de publicación: 1985 


Cada uno tiene sus filias, Conrad es una de mis debilidades. Mientras leo sus libros, no sé por qué, me siento en esa adolescencia/juventud en la que apenas lo hice, es un efecto extraño, pero reconfortante. Cuando leí, no recuerdo en qué libro o artículo, el párrafo siguiente:

«Las sombras se alejaron de mí en silencio. Aquellos hombres no eran ya sino los fantasmas de sí mismos y su peso sobre una driza tal vez no fuese mayor  que  el de un grupo de fantasmas. En verdad, si jamás fue ceñida vela alguna por efecto de una simple fuerza espiritual, ésta lo fue, pues, hablando con propiedad, no había bastantes músculos para ello en toda la tripulación, y menos aún en el mísero grupo que formábamos sobre cubierta.»

No necesité más para desear zambullirme en esta historia, para querer saber qué había ocurrido hasta llegar a esa desoladora estampa. A los pocos días me compré La línea de sombra.

Conrad (1857-1924) me atrae no únicamente por su literatura, sino también por cómo gobernó su vida. Desde los dieciocho años hasta los treinta y siete estuvo enrolado en el mar, empezando como aprendiz y llegando a capitán. En 1889 comenzó a escribir algunas anotaciones que terminarían siendo su primera novela, La locura de Almayer (1895); aunque antes únicamente había escrito cartas, en su hogar sí había una tradición literaria, su padre tradujo, entre otros, a Shakespeare o Víctor Hugo. En 1894, tras decidir quedarse en dique seco, Conrad no se olvidó del gobernalle ni de sus peripecias marineras, las experiencias acumuladas en el mar las rescató para algunos de sus libros. Marinero y escritor. Dos vidas en una.   

La línea de sombra (1916) arranca con la decisión de un joven de abandonar el mundo de la marinería en la que estaba bien considerado. Justo después le encargan, y acepta, ser capitán de un barco; previamente, ha desarbolado una conspiración para escamotearle dicho encargo. Durante la travesía tiene que superar una serie de circunstancias que le hacen cruzar la línea de sombra, el paso de la juventud a la madurez. Conrad escribió el libro cuando se estaba luchando en medio mundo, por eso, dedica el libro a su hijo, Borys, que combatió en la Primera Guerra Mundial y «a todos aquellos que como él han cruzado en su juventud temprana la línea de sombra de su generación».

La historia, narrada en primera persona, salta de un escollo a otro, aunque en ocasiones se hace algo lenta, quedándose al pairo. Puede dividirse en dos partes, la primera abarca hasta que contratan al joven como capitán (un tercio del texto), y se muestra su juventud: ingenuo, seguro de sí mismo y orgulloso. En la segunda parte se narra el periplo, ya como capitán del barco, en el que el protagonista alcanza la madurez. En el transcurso de la navegación le sobrevienen los mayores reveses, gracias a ellos averiguará de qué pasta está hecho, descubriendo su identidad. Este tema de reconocer realmente quiénes somos, de que la vida nos revele nuestro verdadero yo, es recurrente en algunas de las obras de Conrad en las que, repentinamente, hay un giro de timón, una bifurcación en la que el protagonista debe elegir, la decisión retrata a la persona. Este libro, como otros de Conrad, tiene una parte autobiográfica sustancial, en este caso, se trata de una recreación novelada de unos hechos que vivió en 1888, cuando se hizo cargo del velero Otago, su primer mando.

En las obras de Conrad que he leído, junto al protagonista suele haber otro personaje, aglutinando ambos la mayor carga de la novela: Marlow/Kurtz en El corazón de las tinieblas, Jim/Marlow en Lord Jim, D`Hubert y Feraud en El duelo…, la relación entre los miembros del dueto puede ser de contrapunto, complementarios, enemigos… En La línea de sombra esta pareja está más difuminada y la ampliaría a tres, el joven capitán (innominado), Burns y Ransome (cocinero), para no destripar el libro, no desvelo qué relación se establece entre ellos.

En esta obra es destacable cómo se define el perfil psicológico de los personajes; el lector presencia la evolución del carácter del joven capitán, pero al contrario que en otras obras de Conrad no se muestra una persona tan poliédrica, contradictoria y compleja. El estilo, siendo Conrad, es más directo y sencillo, una historia evocada pero lineal cronológicamente, no abundan los párrafos extensos con acotaciones y puntualizaciones entre comas, las subordinadas que matizan o las digresiones que existen en otras obras, tampoco los saltos temporales en la narración. Este libro es, en estos aspectos, menos profundo que sus obras más emblemáticas. Hay que tener en cuenta, por una parte, que pertenece a la última etapa del escritor, publicada en 1916, lejos, por ejemplo, de El corazón de las tinieblas y Lord Jim, publicadas en 1899 y 1900, respectivamente. Por otra parte, en La línea de sombra está explícito el objeto de la narración, el paso de la juventud a la madurez, no así en otras novelas en las que hay que desenmarañarlo.

A las personas que no les atraigan las historias marineras, les animo a leer este libro ya que el mar es, únicamente, el atrezo en el que el joven capitán es puesto a prueba; y, a los que les apasionen los ambientes náuticos, además, les animaría a leer El espejo del mar, homenaje de Conrad a los configuradores de su carácter, tal y como confiesa en el prólogo, «al mar imperecedero, a los barcos que ya no existen y a los hombres sencillos cuyo tiempo ya ha pasado». Por cierto, Conrad incluyó una ‘Nota del autor’ en muchas de sus obras (hay un libro que las recopila), la nota de La línea de sombra aconsejo no leerla puesto que desvela parte de la trama, la añadió a posteriori contestando a ciertas críticas e interpretaciones.

En resumen, La línea de sombra es una obra estupenda para iniciarse en Conrad, y para los que ya lo conozcáis es un muy buen contrapunto a obras más simbólicas y oscuras, como El corazón de las tinieblas, Lord Jim o Nostromo.

lunes, 31 de julio de 2017

Reseña: "Momentos estelares de la humanidad", de Stefan Zweig

Autor: Stefan Zweig
Editorial: Acantilado
Traductora: Berta Vias Mahou
Valoración: Bastante recomendable (mucho para amantes de la historia)
Año de publicación: 2002

Stefan Zweig (1881-1942) fue un escritor judío nacido en Viena; en 1939 inició su exilió, llegando a Brasil en 1941, donde se suicidó al año siguiente. En su época fue un escritor muy reconocido tanto por la crítica como por el público, de hecho, Momentos estelares de la humanidad (1927) vendió, hasta final de 1930, unos 250.000 ejemplares (1).

Este libro, reeditado en 2002 por Acantilado, narra catorce momentos que, de una forma más o menos decisiva, marcaron el devenir de la historia; el periodo que abarca es muy amplio, en concreto desde el 44 a. C. hasta 1919. Partiendo de los hechos históricos, Zweig relata qué pudo haber pasado en los huecos no registrados, nos lo muestra de una forma instructiva, amena y cercana, como si hubiera estado realmente allí. Al ser hechos inconexos los que componen el libro, recomendaría no leerlo del tirón, como si de una novela se tratase, creo que merece la pena dejar un tiempo entre cada una de las catorce historias.

Los acontecimientos rescatados no son los catorce que enumeraríamos por su importancia histórica, pero sin duda son, tal y como señala Zweig en el prólogo, « […] momentos preñados de fatalidad, en los que una decisión destinada a persistir a lo largo de los tiempos se comprime en una única fecha, en una única hora y a menudo en un solo minuto, son raros tanto en la vida del individuo como en curso de la Historia». Los momentos que alumbra son muy variopintos: la caída de Bizancio, el primer tendido de cable telegráfico que unió Europa y América, etc; además, enriquece el libro no empleando únicamente el relato como género literario, nos muestra la huída de Tolstoi como una pieza de teatro y el indulto a Dostoievski en verso. Hay que tener en cuenta que no relata con todo detalle lo acontecido (sería imposible); por ejemplo, en la aventura de Scott no narra todas las penalidades y adversidades que sufrieron, más aún si se compara con libros específicos como El peor viaje del mundo, sin embargo, ofrece apreciaciones muy interesantes: «Su estilo [el de Scott], claro y correcto, emocionante al consignar los hechos, pero sin imaginación, como un uniforme».

Todos los momentos tienen una gran carga emocional, la mayoría de ellos te hacen vibrar; aunque algunos, como el de Goethe o Rouget, me parecieron algo más fríos. Zweig no nos hace experimentar únicamente lo vivido por los que tuvieron éxito sino que también nos muestra el error de Grouchy en Waterloo, la muerte de Scott tras ser superado por Amundsen o el fracaso del presidente Wilson al final de la primera guerra mundial. Un libro que he disfrutado mucho y que gracias al variado abanico de acontecimientos puede atraer a todo lector y, especialmente, a los que les guste la historia.

(1) Deutsche Gesellschaftsgeschichte, Hans-Ulrich Wehler, C.H. Beck 2008

sábado, 15 de abril de 2017

Reseña: "La habitación oscura", de Isaac Rosa



Autor: Isaac Rosa
Editorial: Seix Barral
Año de publicación: 2013
Valoración: Está bien

Intuyo los cuerpos que me preceden. El guía ha ordenado que iluminemos los escalones, descendemos ignorando la bóveda milenaria de la cueva de Trinidad Grund, su voz nos ilustra: el homo sapiens sapiens... Por lo que nos cuenta me temo que aquella época analógica y cavernaria era más humana que la actual, virtual y de grafeno. En este tiempo de capitulación sin lucha, hay zapadores paracaidistas con alma de escritor, detectan minas, abren sendas, construyen puentes. Entre estos se encuentra Isaac Rosa, en la vanguardia del grupo de insumisos, como acredita su hoja de servicios. 

En La habitación oscura Isaac experimenta con doce sujetos y con el lector, invitado antes de apagar las luces. Como laboratorio, una habitación que nos ciega; como condiciones de contorno, la actual crisis social (el libro se publicó en 2013); como parámetro a evaluar, mi comportamiento y el de mis amigos. Una sociedad inmersa en una situación límite es un planteamiento ya conocido ―por ejemplo, Ensayo sobre la ceguera de Saramago―, pero aquí el matiz, muy incómodo (un pellizco al inicio, un bocado al final), es verse reflejado e interpelado por padecer la misma crisis. Simultáneamente, lector y protagonista.

Esta habitación (un trastero en el subsuelo) y su acceso (unas escaleras) evocan la alegoría platónica pero con otra interpretación: la luz (mundo exterior) nos cohíbe y condiciona, la oscuridad nos redime. En la negrura de esta habitación nos descubrimos, nos despojamos del yo público para liberar al yo real pero desconocido. El tiempo nos transforma y la caverna moderna nos acompaña en la mutación, de un paraíso lúdico (sexual) a un búnker contra el exterior. 

La historia, aunque parte de la trama transcurre a oscuras (o quizá por eso), me parece muy cinematográfica. Tal vez, otro zapador paracaidista, como Jaime Rosales, nos haga ver en la oscuridad.

Como ya hiciera en La mano invisible, los personajes no somos carnales ―¿alto?, ¿cojo?, ¿bizco?―, la crisis no distingue, pero sí identificables aunque carezcamos de apellido. La primera parte de la novela es coral, combina nuestro muestrario de heridas infligidas por la crisis con algunas reflexiones con tintes de ensayo. Ante este collage, la historia avanza gracias al secreto inoculado desde la primera página, nos clausuran la habitación, y por la identificación con la atmósfera anímica y social, excelentemente transmitida. Sin embargo, al sobrevolar el contexto social, sin profundizar en el tuétano del porqué, ¿cómo sobreviviremos el paso del tiempo los protagonistas de esta novela?

Tal vez por eso, en la segunda parte se concreta la historia de algunos de mis amigos (a modo de paradigma) incrementando el ritmo y la tensión. Antes de abandonar esta habitación, Isaac nos mostró, con un lenguaje sin arabescos, las trampas, insinuó un camino pero no tuvo compasión y al final giró el espejo: los héroes no siempre lo son. Por eso, cuando el guía de la cueva Trinidad Grund ordena apagar las linternas, atrapo las fosforescencias de mi reloj. Es pronto para volver a la oscuridad, más aún, si no hay esperanza.  


Extra para los indecisos
Para los que no estáis muy decididos, qué mejor que leer parte del primer capítulo Capítulo I (enlace de la propia editorial)

sábado, 25 de febrero de 2017

Reseña: "La agonía de Francia", de Manuel Chaves Nogales


Autor: Manuel Chaves Nogales
Editorial: Asteroide 
Año de publicación: 2010 
Valoración: Muy recomendable



Desde hace unos años Manuel Chaves Nogales (1897-1944), periodista y escritor, está siendo merecidamente rescatado del olvido. Algunos críticos y escritores lo reivindican como antecedente de la 'novela de no ficción' o 'nuevo periodismo', cuyo máximo exponente fue Truman Capote con A sangre fría (1966); así lo manifiestan, entre otros, Antonio Muñoz Molina, Manuel Hidalgo y Ana Ramírez Cañil (prólogo de A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España, Austral, 2009). 

Supe de Chaves Nogales hace unos tres o cuatro años, no recuerdo cómo, pero sí sé que, en mi caso, ha venido para quedarse. Me atraparon sus libros Juan Belmonte, matador de toros y A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España. Lo mismo me ha ocurrido con La agonía de Francia, publicado inicialmente en Montevideo en 1941. La agonía de Francia es un análisis muy ameno del comportamiento del pueblo francés ante a la invasión nazi; Chaves Nogales no escribe de oídas, desde 1937 hasta 1940 residió en París.

Cuando leo un libro-reportaje, que es lo que realmente es este libro, me gusta saber de qué pie cojea el autor; ya lo pude comprobar en los once relatos sobre la Guerra Civil española de A sangre y fuego, ninguno de los dos bandos sale bien parado. Chaves Nogales se define como un «pequeñoburgués liberal», pero, añado yo, comprometido: «cuando el gobierno de la República abandonó su puesto y se marchó a Valencia, abandoné yo el mío» y, sigo apostillando, sin escudo de armas: «había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros». Creo que no es necesario apuntar más. Chaves Nogales presenta en sus obras un testimonio objetivo y ecuánime independiente de partidos, colores o países.

La agonía de Francia relata cómo la población francesa, ante los indicios (o directamente evidencias) de lo que iba a pasar, no fue capaz de actuar como un ente y armarse u oponerse contra el nazismo, sino que se dejó llevar, la pasividad fue la defensa generalizada ofrecida. Muchos exiliados, como el propio Chaves Nogales, tanto de España como de otros países barridos por los totalitarismos, recalaron en Francia con la esperanza romántica de una Francia democrática y libre, último bastión infranqueable contra los -ismos (estalinismo, franquismo, nazismo, etc.). Sin embargo, Chaves Nogales comprueba que «Francia estaba intelectualmente gobernada por los nazis mucho antes de que las divisiones blindadas de Hitler ocupasen físicamente el territorio francés: democracia… libertad… parlamentarismo… Vanas palabras que descalificaban a quien osaba invocarlas».  Además, no alberga dudas de cuál es la mejor forma de gobierno: «[…] hasta ahora no se ha descubierto ninguna forma de convivencia humana superior al diálogo, ni se ha encontrado un sistema de gobierno más perfecto que el de una asamblea deliberante, ni hay otro régimen de selección mejor que el de la libre concurrencia, es decir: la paz, la libertad, la democracia. En el mundo no hay más».

Chaves Nogales, desesperanzado por lo que vivió, realiza una autopsia exhaustiva de la sociedad al completo: ejército, aristocracia, burguesía y pueblo llano; aunque aparecen, no es la historia de las grandes personalidades, sino de los anónimos. Ninguno de los que conforman la sociedad puede estar orgulloso de cómo sale retratado, Francia cayó por la pasividad de todos ellos, la responsabilidad no recae en un solo pilar, sino en el conjunto de la sociedad. Leyendo este testimonio es irremediable preguntarse qué hubiera hecho uno ante la agonía de su país, es una de las cuestiones que el libro te arroja. Con base en su observación perspicaz, narra de forma ágil y directa, notarial, pero con la vehemencia del que se siente defraudado, decepcionado. El libro, a modo de crónica, está dividido en pequeñas secciones, como pinceladas, que van dibujando el ámbito y el devenir de su análisis: transitando desde ‘La fe en Francia’ hasta el ‘Éxodo’; éxodo que Chaves Nogales tuvo que afrontar doblemente, de España a Francia y de aquí a Inglaterra.

Un libro que entiendo necesario para todos los ciudadanos y diría que imprescindible para los amantes de la Historia. Un libro que te cuestiona de qué lado estarías en esa agonía.


Extra para los indecisos
Con la recién estrenada sección, inaugurada en la anterior entrada de Submundo, os facilito aquí más información para aquellos que están dudando:

- ¿Qué mejor que leer parte del libro? 33 páginas! ofrecidas por la propia editorial Introducción y capítulo I 

- Si aún no estáis decididos... mis últimos cartuchos: Félix de Azúa, Antonio Muñoz Molina y Juan Pedro Quiñonero 


Extra vivencias sufridas en la Segunda Guerra Mundial
Cuando terminé el libro reflexioné qué lugar ocuparía respecto a los leídos sobre la Segunda Guerra Mundial, no logré ponerme de acuerdo conmigo mismo. Al menos sí concluí, obviando los libros de historia, qué tres obras autobiográficas me parecen muy recomendables: 

-Si esto es un hombre de Primo Levi. Crónica de la experiencia de Primo Levi en los campos de concentración

-Matadero cinco de Kurt Vonnegut. Knut se encontraba en Dresde cuando fue bombardeada. Este es el origen de la novela (a veces cómica, a veces fantástica) 

-Diario de Anna Frank. Diario de Anna cuando se oculta de la Gestapo en un buhardilla. 

domingo, 13 de noviembre de 2016

Reseña: "Submundo", de Don DeLillo

Autor: Don DeLillo
Título: Underworld (Submundo)
Editorial: Austral
Idioma: Inglés
Traductor: Gian Castelli
Año de publicación: 1997
Valoración: Imprescindible




Submundo es la undécima novela de Don DeLillo; según publicó The New York Times, una de las mejores obras de ficción americana de los últimos veinticinco años, en concreto la segunda. Uno se acerca a la obra de los grandes escritores con respeto, pero también con ilusión; en el caso de Submundo, al igual que con Ruido de fondo, me ha gustado la experiencia.

Submundo tiene un marco histórico muy definido, la segunda mitad del siglo XX de Estados Unidos; en concreto desde 1951 hasta 1992, cuarenta años. DeLillo muestra cómo la sociedad es moldeada (miedos, deseos,...) por la actualidad (la guerra fría, la muerte de Kennedy,…). La estructura de la novela es clara: ocho secciones (prólogo y epílogo y 6 capítulos entre ellos) en orden cronológico inverso desde 1992 hasta 1951, salvo el prólogo (transcurre en 1951) y el epílogo. Estos cuarenta años están protagonizados por personas anónimas (Nick ―personaje principal―, Klara y una infinidad de secundarios), pero también aparecen algunas personalidades públicas (Hoover ―director del FBI en 1951―, Frank Sinatra, etc.), así como acontecimientos históricos de gran calado (la crisis de los misiles de Cuba, la guerra de Vietnam…). Estos son los ingredientes, pero la narración no es lineal sino que, además de los saltos temporales, la atención va recayendo sobre distintos protagonistas, desentrañando las conexiones existentes entre ellos conforme avanza la novela, aderezando todo ello con reflexiones políticas e históricas. De esta forma conocemos lo que hay entre bambalinas, un submundo que interrelaciona y conecta todo, un sustrato común.

La historia se narra desde múltiples perspectivas: narrador omnisciente, Nick, Klara… pero este ir saltando de un punto a otro se ejecuta de una forma fluida, casi natural (alejada de la estructura rígida de El ruido y la furia, con cuatro partes claramente diferenciadas para Benjamin, Quentin, Jason y Dilsey). El paradigma de esta narración es, sin duda, el prólogo El triunfo de la muerte, donde el cuadro de Brueghel adquiere una especial significación. El prólogo narra el tercer y último partido de la final de béisbol disputada el 3/X/1951 entre los New York Giants y los Brooklyn Dodgers. La narración es magnífica. DeLillo trabaja con todo el estadio, como si fuera un pintor va dando pinceladas aquí y allá: se centra en el devenir del partido, para saltar a las emociones de los espectadores, para continuar con la narración del locutor, para enfocar a Frank Sinatra, para… Esta multiplicación consigue que, efectivamente, parezca que estás en el estadio sin perder absolutamente nada de lo que acontece. Según explica el propio DeLillo (1): «El prólogo está escrito en una especie de superomniscencia. Hay frases que pueden empezar en una parte de la cancha y terminar en otra. Quería abrir la frase. Es como si les gustara viajar; se desplazan de la mente de una persona a la de otra». Para mí, el prólogo es de los mejores textos que he leído; si os gusta el cómo, además del qué, os lo recomiendo, aunque no acabéis con las novecientas páginas del libro; además, el prólogo tiene entidad propia, de hecho, se publicó en 1992 como novela corta, titulada Pafko at the Wall, en la revista Harper’s.

El prólogo, el epílogo, las páginas dedicadas al Bronx (adolescencia de Nick) y la sección de artículos históricos son las que más he disfrutado del libro. Además, los diálogos son ágiles, verosímiles, vigorosos, con una naturalidad que te transporta al bar para acodarte con Big Sims y Nick, al desierto para atender la explicación de Klara, al Bronx para pegar la oreja a la palabrería de Nick con sus amigos. Por otra parte, la pelota con la que los Giants consiguen el home run ganador es un hilo conductor, más o menos constante, a lo largo de todo el libro, como si fuera un personaje más se desvela cómo ha ido pasando de unas manos a otras. A mi modo de ver, tiene un significado importante en el libro; Nick (su poseedor actual) comenta: «Bueno, tampoco la compré [la pelota] por la gloria y el drama que entrañaba. No tenía nada que ver con que Thomsom hubiera logrado un home run. Sino con el lanzamiento de Branca. Tiene que ver con la pérdida».

Con todo lo que he comentado, no quiero dar la impresión de que sea un libro fácil. No me lo ha parecido, no es un libro de playa, más bien de sofá y con la mente despejada. Cómo no, también tiene sus peros, no hay que olvidar que es un libro de novecientas páginas y, por tanto, es imposible mantener el atractivo y el interés permanentemente. Algunas partes me han parecido largas y algo aburridas, pero ¿qué libro de esa longitud no tiene altibajos? Sin embargo, otras que en un principio pudieran parecer más tediosas, la sección 5 que trata en mayor profundidad los temas más políticos y públicos, se lee con verdadero interés, en este caso, más por lo qué está contando que por la forma.

Submundo es un libro de respiración profunda, para ir degustándolo poco a poco. Un libro excelente.


EXTRA PARA LOS INDECISOS

- En el artículo The power of the history DeLillo explica cómo surgió la idea del prólogo y comenta también Submundo; aquí os dejo la portada a la que hace mención  4/XI/1951 del New York Times

- Si aún no estáis decididos… mis últimos cartuchos: Análisis de Martin Amis y Análisis de Eduardo Lago


(1) Reportero, David Remnick, Debate 2015

martes, 1 de noviembre de 2016

Reseña: "El móvil", de Javier Cercas


Autor: Javier Cercas
Título: El móvil
Editorial: Tusquets (colección andanzas)
Idioma: Español
Año de publicación: 2003
Valoración: Bastante recomendable
  
“El móvil” ha sido rescatado por Cercas, era el último relato (o novela corta, tiene unas cien páginas) de un libro, “El móvil”, compuesto por cinco relatos y publicado en 1987; los otros cuatro relatos han sido suprimidos por ser «derivativos, fruto de ciertas lecturas y ciertas experiencias pobremente asimiladas», según explica el propio Cercas en la nota preliminar.  

Resumir una historia sin destriparla es siempre complicado, más aún cuando es policíaca y metaliteraria, como es el caso. Vamos a intentarlo: Álvaro es un abogado que anhela ser escritor y no duda en poner todo su esfuerzo. Está trabajando en una novela, pero no en una cualquiera sino en una «obra ambiciosa de alcance universal»; según su análisis literario, lo más apropiado es que la realidad sea el motor de su inspiración. El protagonista de su novela también es un escritor que, a su vez, escribe una novela. Ambos, Álvaro y protagonista, tienen una comunidad de vecinos parecida. El apoderarse de la realidad para plasmarla en la ficción conllevará una fusión entre ambas, revelándose esta contra aquella. Como se suele decir, hasta aquí puedo leer (prefiero pecar por defecto que por exceso).  

Lo primero que me ha llamado la atención es la edad con la que publicó “El móvil”, veinticinco años. Además, he creído entrever que Cercas, tan joven, ya tenía más o menos claro por dónde transitaría su mundo literario: «Cualquier tema es bueno para la literatura; lo que cuenta es el modo de expresarlo». Si bien es cierto que el tema en las novelas de Cercas es importante, la forma con la que lo afronta es lo que más lo caracteriza. Esta novela corta podría considerarse un ensayo de laboratorio, como una pequeña prueba que después ha ido aplicando y afinando en el resto de sus obras.

En esta novela corta tenemos, considerando a Javier Cercas, tres escritores que están contando la misma historia, pero en tres niveles distintos de realidad, permitiendo el juego escritor-lector, realidad-ficción y escritor-escritura. Cercas, al igual que otros escritores, injerta en sus obras la realidad (del escritor) y la ficción; por ejemplo, “El acercamiento a Almotásim” de Borges o, yéndonos al origen de la novela moderna, la segunda parte del Quijote. En “El móvil” Cercas emplea el mismo juego especular, pero no con la realidad del propio Cercas sino con la realidad de Álvaro (algo así como la película “Origen”, el sueño del sueño del...). El artilugio metaliterario es sugerente y está muy bien armado: escritor/personaje/lector.

lunes, 17 de octubre de 2016

Reseña: "Blitz", de David Trueba


Autor: David Trueba
Título: Blitz
Editorial: Anagrama
Idioma: Español
Año de publicación: 2015
Valoración: Se deja leer

David Trueba nos muestra, a través de una suerte de bitácora mensual, como a lo largo de un año se forja una relación descompensada en edad (unos treinta años entre cada uno de los miembros de la pareja) pero muy cercana en necesidad; para ello, de forma acertada, se aleja de los estereotipos de mujer fatal y guaperas arrebatador. Los coprotagonistas podemos ser usted y yo, personas corrientes.

La historia comienza justo cuando el joven Beto es electrocutado por el relámpago que supone saber que su novia lo engaña con otro. Esta situación, ya de por sí traumática, acontece cuando Beto se siente extraño en su mundo profesional y, además, está en el extranjero, en concreto, en Alemania para defender su proyecto: “El Jardín de los tres minutos”. Ante esta descarga Beto topa con su soledad, tanto carnal como espiritual, y atolondrado deambula por Berlín buscando, tal vez, un lugar como el jardín que él ha proyectado para reflexionar y darse su tiempo. Sin embargo, no dispone ni de esos tres minutos porque necesita solventar quehaceres más rutinarios: dónde dormir, qué hacer con las maletas, cómo volver a casa. No es un robinsón y sobrevive al aguacero gracias, por un lado, al resguardo que le ofrece Helga (una señora sexagenaria voluntaria en el congreso) y, por otro, a su propio carácter acomodaticio e irónico, que recuerdan a algunos de los personajes de Woody Allen.

El soporte de la novela radica en esta pareja y, especialmente, en sus encuentros sexuales en los que el roce de la piel consigue que olvidemos los cánones de belleza. Para que la historia esté bien engranada David ha invertido más de dos tercios de la novela. Sin embargo, el reloj de arena que marca el tempo de la historia fluye demasiado rápido una vez que Beto llega a su patria, como si David tuviera prisa por contarnos el final, lo que hace que la estructura no esté suficientemente apuntalada y surjan dudas sobre la credibilidad del final. Con algo más de extensión podría haber dado más cuerpo y sustento al final de la historia y, además, haber tratado temas que se entreven pero en los que no se profundiza aunque el material (chico joven en el extranjero) sí daría para ello; como por ejemplo: la crisis económica y de valores, el exilio del paro, el trabajo no vocacional, etc. Por último, llama la atención el uso de las ilustraciones a las que no consigo encontrar una utilidad.

En resumen, es un libro que no teniendo gran calado, está bien.

Aquí os dejo un fragmento del libro (ofrecido por la propia Editorial): Fragmento Blitz