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domingo, 5 de noviembre de 2017

Reseña: "Cicatriz", de Sara Mesa

Autora: Sara Mesa
Editorial: Anagrama
Año de publicación: 2015
Valoración: Recomendable


Perseguir a tu futuro fatiga; sobre todo, cuando es proyectado por tu Pigmalión y, además, es ajeno a ti. Pero, ¿qué podemos hacer con ese genoma que compartimos en más de un 97% con los orangutanes? Nada; bueno sí, abalanzarnos tras la banana proyectada y, una vez que presente y futuro se solapan, disfrutar de la transformación sufrida y tan verdaderamente ansiada por nosotros. 

El párrafo anterior podría ser la explicación que Knut ofrecería sobre su influencia en la pulsión creadora de Sonia, ambos protagonistas de ‘Cicatriz’; novela sobre la identidad (y su enmascaramiento) virtual y real, la @tracción/@versión y la dependencia.

Knut y Sonia se topan en internet. A través de las conversaciones vía email y los regalos que le remite, Knut va cincelando a Sonia interiormente, sin oposición intelectual, y exteriormente (desnudándola para vestirla) hasta que las astillas despedidas por la futura Galatea percuten en Knut, estableciéndose una relación boomerang con tintes sadomasoquistas. 

Ambos personajes son tangibles y creíbles pero Sonia, con sus dobleces e inseguridades, es más carnal que Knut, que presenta un carácter paradigmático como persona obsesiva y fetichista. El resto de personajes son el atrezo para justificar la doble vida que se impone Sonia.

¿Cuál ha sido la última novela en la que no has sentido empatía por ningún personaje?... Para mí no ha sido fácil encontrar la anterior a Cicatriz. La trama te mantiene expectante aunque con un desapego absoluto por Knut y Sonia. Yo prefiero sentirme más implicado, pero reconozco el mérito de atrapar al lector a pesar de no sentir afecto por ninguno de sus protagonistas (tal vez sea un efecto premeditado de Sara Mesa). Sin embargo, con el ánimo de mantener la tensión, se reiteran situaciones (robos y envíos de Knut; tanto robo sin que sea detenido parece poco creíble) que no aportan información adicional sino que se acumulan con las ya contadas. La narración, como si estuviera infectada por un virus internáutico, no es cronológica, sino desordenada, lo que permite al lector ir apuntalando la historia y, al tiempo, captar su atención aportando información a tras mano (recurso que no resulta tramposo); si acaso, me parece innecesaria la acotación temporal en los títulos de algunos capítulos.

Cicatriz, un libro que muestra un enfoque muy actual de nuestra sociedad cada vez más virtual, donde nuestro futuro, distorsionado por la verdad, la posverdad y la mentira, ha dejado, en parte, de ser nuestro.


EXTRA PARA LOS INDECISOS
En la página de la propia editorial podéis encontrar no una ni dos, sino un montón de reseñas reseñas del libro, pero ya tenéis esta, ¿no? ;) Por eso, os recomiendo leer algo del libro, en concreto, el Capítulo 0 (enlace de la propia editorial)

viernes, 8 de septiembre de 2017

Reseña: "La línea de sombra", de Joseph Conrad


Autor: Joseph Conrad
Editorial: Cátedra
Traductor: Ricardo Baeza
Valoración: Recomendable

Año de publicación: 1985 


Cada uno tiene sus filias, Conrad es una de mis debilidades. Mientras leo sus libros, no sé por qué, me siento en esa adolescencia/juventud en la que apenas lo hice, es un efecto extraño, pero reconfortante. Cuando leí, no recuerdo en qué libro o artículo, el párrafo siguiente:

«Las sombras se alejaron de mí en silencio. Aquellos hombres no eran ya sino los fantasmas de sí mismos y su peso sobre una driza tal vez no fuese mayor  que  el de un grupo de fantasmas. En verdad, si jamás fue ceñida vela alguna por efecto de una simple fuerza espiritual, ésta lo fue, pues, hablando con propiedad, no había bastantes músculos para ello en toda la tripulación, y menos aún en el mísero grupo que formábamos sobre cubierta.»

No necesité más para desear zambullirme en esta historia, para querer saber qué había ocurrido hasta llegar a esa desoladora estampa. A los pocos días me compré La línea de sombra.

Conrad (1857-1924) me atrae no únicamente por su literatura, sino también por cómo gobernó su vida. Desde los dieciocho años hasta los treinta y siete estuvo enrolado en el mar, empezando como aprendiz y llegando a capitán. En 1889 comenzó a escribir algunas anotaciones que terminarían siendo su primera novela, La locura de Almayer (1895); aunque antes únicamente había escrito cartas, en su hogar sí había una tradición literaria, su padre tradujo, entre otros, a Shakespeare o Víctor Hugo. En 1894, tras decidir quedarse en dique seco, Conrad no se olvidó del gobernalle ni de sus peripecias marineras, las experiencias acumuladas en el mar las rescató para algunos de sus libros. Marinero y escritor. Dos vidas en una.   

La línea de sombra (1916) arranca con la decisión de un joven de abandonar el mundo de la marinería en la que estaba bien considerado. Justo después le encargan, y acepta, ser capitán de un barco; previamente, ha desarbolado una conspiración para escamotearle dicho encargo. Durante la travesía tiene que superar una serie de circunstancias que le hacen cruzar la línea de sombra, el paso de la juventud a la madurez. Conrad escribió el libro cuando se estaba luchando en medio mundo, por eso, dedica el libro a su hijo, Borys, que combatió en la Primera Guerra Mundial y «a todos aquellos que como él han cruzado en su juventud temprana la línea de sombra de su generación».

La historia, narrada en primera persona, salta de un escollo a otro, aunque en ocasiones se hace algo lenta, quedándose al pairo. Puede dividirse en dos partes, la primera abarca hasta que contratan al joven como capitán (un tercio del texto), y se muestra su juventud: ingenuo, seguro de sí mismo y orgulloso. En la segunda parte se narra el periplo, ya como capitán del barco, en el que el protagonista alcanza la madurez. En el transcurso de la navegación le sobrevienen los mayores reveses, gracias a ellos averiguará de qué pasta está hecho, descubriendo su identidad. Este tema de reconocer realmente quiénes somos, de que la vida nos revele nuestro verdadero yo, es recurrente en algunas de las obras de Conrad en las que, repentinamente, hay un giro de timón, una bifurcación en la que el protagonista debe elegir, la decisión retrata a la persona. Este libro, como otros de Conrad, tiene una parte autobiográfica sustancial, en este caso, se trata de una recreación novelada de unos hechos que vivió en 1888, cuando se hizo cargo del velero Otago, su primer mando.

En las obras de Conrad que he leído, junto al protagonista suele haber otro personaje, aglutinando ambos la mayor carga de la novela: Marlow/Kurtz en El corazón de las tinieblas, Jim/Marlow en Lord Jim, D`Hubert y Feraud en El duelo…, la relación entre los miembros del dueto puede ser de contrapunto, complementarios, enemigos… En La línea de sombra esta pareja está más difuminada y la ampliaría a tres, el joven capitán (innominado), Burns y Ransome (cocinero), para no destripar el libro, no desvelo qué relación se establece entre ellos.

En esta obra es destacable cómo se define el perfil psicológico de los personajes; el lector presencia la evolución del carácter del joven capitán, pero al contrario que en otras obras de Conrad no se muestra una persona tan poliédrica, contradictoria y compleja. El estilo, siendo Conrad, es más directo y sencillo, una historia evocada pero lineal cronológicamente, no abundan los párrafos extensos con acotaciones y puntualizaciones entre comas, las subordinadas que matizan o las digresiones que existen en otras obras, tampoco los saltos temporales en la narración. Este libro es, en estos aspectos, menos profundo que sus obras más emblemáticas. Hay que tener en cuenta, por una parte, que pertenece a la última etapa del escritor, publicada en 1916, lejos, por ejemplo, de El corazón de las tinieblas y Lord Jim, publicadas en 1899 y 1900, respectivamente. Por otra parte, en La línea de sombra está explícito el objeto de la narración, el paso de la juventud a la madurez, no así en otras novelas en las que hay que desenmarañarlo.

A las personas que no les atraigan las historias marineras, les animo a leer este libro ya que el mar es, únicamente, el atrezo en el que el joven capitán es puesto a prueba; y, a los que les apasionen los ambientes náuticos, además, les animaría a leer El espejo del mar, homenaje de Conrad a los configuradores de su carácter, tal y como confiesa en el prólogo, «al mar imperecedero, a los barcos que ya no existen y a los hombres sencillos cuyo tiempo ya ha pasado». Por cierto, Conrad incluyó una ‘Nota del autor’ en muchas de sus obras (hay un libro que las recopila), la nota de La línea de sombra aconsejo no leerla puesto que desvela parte de la trama, la añadió a posteriori contestando a ciertas críticas e interpretaciones.

En resumen, La línea de sombra es una obra estupenda para iniciarse en Conrad, y para los que ya lo conozcáis es un muy buen contrapunto a obras más simbólicas y oscuras, como El corazón de las tinieblas, Lord Jim o Nostromo.