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domingo, 5 de noviembre de 2017

Reseña: "Cicatriz", de Sara Mesa

Autora: Sara Mesa
Editorial: Anagrama
Año de publicación: 2015
Valoración: Recomendable


Perseguir a tu futuro fatiga; sobre todo, cuando es proyectado por tu Pigmalión y, además, es ajeno a ti. Pero, ¿qué podemos hacer con ese genoma que compartimos en más de un 97% con los orangutanes? Nada; bueno sí, abalanzarnos tras la banana proyectada y, una vez que presente y futuro se solapan, disfrutar de la transformación sufrida y tan verdaderamente ansiada por nosotros. 

El párrafo anterior podría ser la explicación que Knut ofrecería sobre su influencia en la pulsión creadora de Sonia, ambos protagonistas de ‘Cicatriz’; novela sobre la identidad (y su enmascaramiento) virtual y real, la @tracción/@versión y la dependencia.

Knut y Sonia se topan en internet. A través de las conversaciones vía email y los regalos que le remite, Knut va cincelando a Sonia interiormente, sin oposición intelectual, y exteriormente (desnudándola para vestirla) hasta que las astillas despedidas por la futura Galatea percuten en Knut, estableciéndose una relación boomerang con tintes sadomasoquistas. 

Ambos personajes son tangibles y creíbles pero Sonia, con sus dobleces e inseguridades, es más carnal que Knut, que presenta un carácter paradigmático como persona obsesiva y fetichista. El resto de personajes son el atrezo para justificar la doble vida que se impone Sonia.

¿Cuál ha sido la última novela en la que no has sentido empatía por ningún personaje?... Para mí no ha sido fácil encontrar la anterior a Cicatriz. La trama te mantiene expectante aunque con un desapego absoluto por Knut y Sonia. Yo prefiero sentirme más implicado, pero reconozco el mérito de atrapar al lector a pesar de no sentir afecto por ninguno de sus protagonistas (tal vez sea un efecto premeditado de Sara Mesa). Sin embargo, con el ánimo de mantener la tensión, se reiteran situaciones (robos y envíos de Knut; tanto robo sin que sea detenido parece poco creíble) que no aportan información adicional sino que se acumulan con las ya contadas. La narración, como si estuviera infectada por un virus internáutico, no es cronológica, sino desordenada, lo que permite al lector ir apuntalando la historia y, al tiempo, captar su atención aportando información a tras mano (recurso que no resulta tramposo); si acaso, me parece innecesaria la acotación temporal en los títulos de algunos capítulos.

Cicatriz, un libro que muestra un enfoque muy actual de nuestra sociedad cada vez más virtual, donde nuestro futuro, distorsionado por la verdad, la posverdad y la mentira, ha dejado, en parte, de ser nuestro.


EXTRA PARA LOS INDECISOS
En la página de la propia editorial podéis encontrar no una ni dos, sino un montón de reseñas reseñas del libro, pero ya tenéis esta, ¿no? ;) Por eso, os recomiendo leer algo del libro, en concreto, el Capítulo 0 (enlace de la propia editorial)

viernes, 8 de septiembre de 2017

Reseña: "La línea de sombra", de Joseph Conrad


Autor: Joseph Conrad
Editorial: Cátedra
Traductor: Ricardo Baeza
Valoración: Recomendable

Año de publicación: 1985 


Cada uno tiene sus filias, Conrad es una de mis debilidades. Mientras leo sus libros, no sé por qué, me siento en esa adolescencia/juventud en la que apenas lo hice, es un efecto extraño, pero reconfortante. Cuando leí, no recuerdo en qué libro o artículo, el párrafo siguiente:

«Las sombras se alejaron de mí en silencio. Aquellos hombres no eran ya sino los fantasmas de sí mismos y su peso sobre una driza tal vez no fuese mayor  que  el de un grupo de fantasmas. En verdad, si jamás fue ceñida vela alguna por efecto de una simple fuerza espiritual, ésta lo fue, pues, hablando con propiedad, no había bastantes músculos para ello en toda la tripulación, y menos aún en el mísero grupo que formábamos sobre cubierta.»

No necesité más para desear zambullirme en esta historia, para querer saber qué había ocurrido hasta llegar a esa desoladora estampa. A los pocos días me compré La línea de sombra.

Conrad (1857-1924) me atrae no únicamente por su literatura, sino también por cómo gobernó su vida. Desde los dieciocho años hasta los treinta y siete estuvo enrolado en el mar, empezando como aprendiz y llegando a capitán. En 1889 comenzó a escribir algunas anotaciones que terminarían siendo su primera novela, La locura de Almayer (1895); aunque antes únicamente había escrito cartas, en su hogar sí había una tradición literaria, su padre tradujo, entre otros, a Shakespeare o Víctor Hugo. En 1894, tras decidir quedarse en dique seco, Conrad no se olvidó del gobernalle ni de sus peripecias marineras, las experiencias acumuladas en el mar las rescató para algunos de sus libros. Marinero y escritor. Dos vidas en una.   

La línea de sombra (1916) arranca con la decisión de un joven de abandonar el mundo de la marinería en la que estaba bien considerado. Justo después le encargan, y acepta, ser capitán de un barco; previamente, ha desarbolado una conspiración para escamotearle dicho encargo. Durante la travesía tiene que superar una serie de circunstancias que le hacen cruzar la línea de sombra, el paso de la juventud a la madurez. Conrad escribió el libro cuando se estaba luchando en medio mundo, por eso, dedica el libro a su hijo, Borys, que combatió en la Primera Guerra Mundial y «a todos aquellos que como él han cruzado en su juventud temprana la línea de sombra de su generación».

La historia, narrada en primera persona, salta de un escollo a otro, aunque en ocasiones se hace algo lenta, quedándose al pairo. Puede dividirse en dos partes, la primera abarca hasta que contratan al joven como capitán (un tercio del texto), y se muestra su juventud: ingenuo, seguro de sí mismo y orgulloso. En la segunda parte se narra el periplo, ya como capitán del barco, en el que el protagonista alcanza la madurez. En el transcurso de la navegación le sobrevienen los mayores reveses, gracias a ellos averiguará de qué pasta está hecho, descubriendo su identidad. Este tema de reconocer realmente quiénes somos, de que la vida nos revele nuestro verdadero yo, es recurrente en algunas de las obras de Conrad en las que, repentinamente, hay un giro de timón, una bifurcación en la que el protagonista debe elegir, la decisión retrata a la persona. Este libro, como otros de Conrad, tiene una parte autobiográfica sustancial, en este caso, se trata de una recreación novelada de unos hechos que vivió en 1888, cuando se hizo cargo del velero Otago, su primer mando.

En las obras de Conrad que he leído, junto al protagonista suele haber otro personaje, aglutinando ambos la mayor carga de la novela: Marlow/Kurtz en El corazón de las tinieblas, Jim/Marlow en Lord Jim, D`Hubert y Feraud en El duelo…, la relación entre los miembros del dueto puede ser de contrapunto, complementarios, enemigos… En La línea de sombra esta pareja está más difuminada y la ampliaría a tres, el joven capitán (innominado), Burns y Ransome (cocinero), para no destripar el libro, no desvelo qué relación se establece entre ellos.

En esta obra es destacable cómo se define el perfil psicológico de los personajes; el lector presencia la evolución del carácter del joven capitán, pero al contrario que en otras obras de Conrad no se muestra una persona tan poliédrica, contradictoria y compleja. El estilo, siendo Conrad, es más directo y sencillo, una historia evocada pero lineal cronológicamente, no abundan los párrafos extensos con acotaciones y puntualizaciones entre comas, las subordinadas que matizan o las digresiones que existen en otras obras, tampoco los saltos temporales en la narración. Este libro es, en estos aspectos, menos profundo que sus obras más emblemáticas. Hay que tener en cuenta, por una parte, que pertenece a la última etapa del escritor, publicada en 1916, lejos, por ejemplo, de El corazón de las tinieblas y Lord Jim, publicadas en 1899 y 1900, respectivamente. Por otra parte, en La línea de sombra está explícito el objeto de la narración, el paso de la juventud a la madurez, no así en otras novelas en las que hay que desenmarañarlo.

A las personas que no les atraigan las historias marineras, les animo a leer este libro ya que el mar es, únicamente, el atrezo en el que el joven capitán es puesto a prueba; y, a los que les apasionen los ambientes náuticos, además, les animaría a leer El espejo del mar, homenaje de Conrad a los configuradores de su carácter, tal y como confiesa en el prólogo, «al mar imperecedero, a los barcos que ya no existen y a los hombres sencillos cuyo tiempo ya ha pasado». Por cierto, Conrad incluyó una ‘Nota del autor’ en muchas de sus obras (hay un libro que las recopila), la nota de La línea de sombra aconsejo no leerla puesto que desvela parte de la trama, la añadió a posteriori contestando a ciertas críticas e interpretaciones.

En resumen, La línea de sombra es una obra estupenda para iniciarse en Conrad, y para los que ya lo conozcáis es un muy buen contrapunto a obras más simbólicas y oscuras, como El corazón de las tinieblas, Lord Jim o Nostromo.

sábado, 15 de abril de 2017

Reseña: "La habitación oscura", de Isaac Rosa



Autor: Isaac Rosa
Editorial: Seix Barral
Año de publicación: 2013
Valoración: Está bien

Intuyo los cuerpos que me preceden. El guía ha ordenado que iluminemos los escalones, descendemos ignorando la bóveda milenaria de la cueva de Trinidad Grund, su voz nos ilustra: el homo sapiens sapiens... Por lo que nos cuenta me temo que aquella época analógica y cavernaria era más humana que la actual, virtual y de grafeno. En este tiempo de capitulación sin lucha, hay zapadores paracaidistas con alma de escritor, detectan minas, abren sendas, construyen puentes. Entre estos se encuentra Isaac Rosa, en la vanguardia del grupo de insumisos, como acredita su hoja de servicios. 

En La habitación oscura Isaac experimenta con doce sujetos y con el lector, invitado antes de apagar las luces. Como laboratorio, una habitación que nos ciega; como condiciones de contorno, la actual crisis social (el libro se publicó en 2013); como parámetro a evaluar, mi comportamiento y el de mis amigos. Una sociedad inmersa en una situación límite es un planteamiento ya conocido ―por ejemplo, Ensayo sobre la ceguera de Saramago―, pero aquí el matiz, muy incómodo (un pellizco al inicio, un bocado al final), es verse reflejado e interpelado por padecer la misma crisis. Simultáneamente, lector y protagonista.

Esta habitación (un trastero en el subsuelo) y su acceso (unas escaleras) evocan la alegoría platónica pero con otra interpretación: la luz (mundo exterior) nos cohíbe y condiciona, la oscuridad nos redime. En la negrura de esta habitación nos descubrimos, nos despojamos del yo público para liberar al yo real pero desconocido. El tiempo nos transforma y la caverna moderna nos acompaña en la mutación, de un paraíso lúdico (sexual) a un búnker contra el exterior. 

La historia, aunque parte de la trama transcurre a oscuras (o quizá por eso), me parece muy cinematográfica. Tal vez, otro zapador paracaidista, como Jaime Rosales, nos haga ver en la oscuridad.

Como ya hiciera en La mano invisible, los personajes no somos carnales ―¿alto?, ¿cojo?, ¿bizco?―, la crisis no distingue, pero sí identificables aunque carezcamos de apellido. La primera parte de la novela es coral, combina nuestro muestrario de heridas infligidas por la crisis con algunas reflexiones con tintes de ensayo. Ante este collage, la historia avanza gracias al secreto inoculado desde la primera página, nos clausuran la habitación, y por la identificación con la atmósfera anímica y social, excelentemente transmitida. Sin embargo, al sobrevolar el contexto social, sin profundizar en el tuétano del porqué, ¿cómo sobreviviremos el paso del tiempo los protagonistas de esta novela?

Tal vez por eso, en la segunda parte se concreta la historia de algunos de mis amigos (a modo de paradigma) incrementando el ritmo y la tensión. Antes de abandonar esta habitación, Isaac nos mostró, con un lenguaje sin arabescos, las trampas, insinuó un camino pero no tuvo compasión y al final giró el espejo: los héroes no siempre lo son. Por eso, cuando el guía de la cueva Trinidad Grund ordena apagar las linternas, atrapo las fosforescencias de mi reloj. Es pronto para volver a la oscuridad, más aún, si no hay esperanza.  


Extra para los indecisos
Para los que no estáis muy decididos, qué mejor que leer parte del primer capítulo Capítulo I (enlace de la propia editorial)

viernes, 18 de noviembre de 2016

Reseña: Falcó, de Pérez-Reverte

Hacía mucho tiempo que no me acercaba a la obra de Reverte. Aunque he seguido las aventuras del capitán Alatriste (que también han tenido más de un capítulo de los que ponen a prueba la fidelidad del lector), me aparté de las novelas del autor hace ya años, pues no conectaba con los temas y los marcos que elegía para sus obras y estaba algo cansado de leer historias que, en mi opinión, se iban deshinchando conforme avanzaban. Sin embargo, la novela de la que hoy os hablo, la última que Reverte ha lanzado (que no es plan de que lleguen las navidades y no tener novela nueva en las estanterías), me dio buena espina y decidí hacerme con ella. Y puedo decir que me ha dado exactamente lo que esperaba.

Quizá me llamó la atención su acertada portada, sugerente como pocas. Quizá fue la sinopsis, toda una declaración de intenciones. El lugar y el momento histórico elegidos por el autor (España en otoño de 1936) eran también atrayentes, aunque en manos de Reverte corrían el riesgo de convertirse en marco de una clase de historia llena de valoraciones personales. Pero, aunque algo hay, al final creo que no son más que unas pinceladas que están al servicio de la aventura: una aventura de espías clásica a más no poder que repite esquemas y arquetipos del género, sí, pero que lo hace sin ruborizarse, apostando claramente por ello.

En la novela, Falcó, agente del Servicio de Nacional de Inteligencia y Operaciones franquista, deberá infiltrarse en zona roja para realizar una peligrosa misión que podría cambiar el curso de la historia de España. Reverte deja claro que la trama es ficticia, aunque esté documentada con hechos reales, y personalmente creo que ha hecho un gran trabajo encajando una clásica historia de espías en la España de la guerra civil. Y es que las páginas del libro rebosan conflicto, tensión y paranoia; el lector tiene la constante sensación de que el más mínimo contratiempo puede significar una bala en el pecho de los protagonistas (eso si tienen suerte) o una larga y angustiosa estancia en una sala de interrogatorios del bando contrario. Y en este sentido, el de los bandos, he disfrutado mucho con las descripciones que Reverte hace de unos y otros, muy en su línea: repartiendo hostias a derechas y a izquierdas, denunciando las vilezas y las mezquindades de todos y dejando claro también que hubo héroes en un conflicto sin sentido que desgarró nuestro país hasta lo indecible.

Reverte ha creado un personaje seductor: un hombre que divide a la gente en valientes y cobardes, que no se decanta por ningún bando, que sabe que puede morir en cualquier momento y por eso se mueve entre la fatalidad y el deseo de exprimir la vida. Un personaje que tiene sus propios valores; para algunos un hijoputa, para otros un héroe, y para muchos el fruto de una época y de una historia que demandaba la existencia ese tipo de personas o directamente las creaba. Falcó es un personaje que volverá, de eso estoy seguro, y si sus aventuras tienen buena acogida, acabará dándose un paseo por las pantallas de cine o de televisión, no me cabe duda.

En general, la novela se lee con mucha facilidad. No llega a las trescientas páginas y me parece además que es la longitud justa para una historia de este tipo. Hubo un momento hacia el final de la novela en que tuve la sensación de que volvía el Reverte del que yo llevaba tiempo huyendo, pues noté que estaba construyendo un final que no iba a estar a la altura. Afortunadamente, lo que sucede es que la historia no termina cuando se supone que ha de hacerlo, y es en ese momento en que se alarga cuando el autor construye unas escenas que, sin ser tampoco para tirar cohetes, al menos sí proporcionan la sensación de haber leído una novela que no se derrumba al final, dejando en general buen sabor de boca.

Concluyendo: su historia no es la repanocha, pero las virtudes por las que apuesta Reverte con Falcó son otras. Aventura, espionaje, tensión, intriga, política, el retrato de un país en su momento más complicado y, por encima de todo, un personaje atrayente que encaja a la perfección con el género. Si te atrae la propuesta como me atraía a mí, estoy seguro de que disfrutarás con la novela.

Autor: Arturo Pérez-Reverte
Título: Falcó
Editorial: Alfaguara
Idioma: Castellano
Año de publicación: 2016
Valoración: Buen entretenimiento

domingo, 13 de noviembre de 2016

Reseña: "Submundo", de Don DeLillo

Autor: Don DeLillo
Título: Underworld (Submundo)
Editorial: Austral
Idioma: Inglés
Traductor: Gian Castelli
Año de publicación: 1997
Valoración: Imprescindible




Submundo es la undécima novela de Don DeLillo; según publicó The New York Times, una de las mejores obras de ficción americana de los últimos veinticinco años, en concreto la segunda. Uno se acerca a la obra de los grandes escritores con respeto, pero también con ilusión; en el caso de Submundo, al igual que con Ruido de fondo, me ha gustado la experiencia.

Submundo tiene un marco histórico muy definido, la segunda mitad del siglo XX de Estados Unidos; en concreto desde 1951 hasta 1992, cuarenta años. DeLillo muestra cómo la sociedad es moldeada (miedos, deseos,...) por la actualidad (la guerra fría, la muerte de Kennedy,…). La estructura de la novela es clara: ocho secciones (prólogo y epílogo y 6 capítulos entre ellos) en orden cronológico inverso desde 1992 hasta 1951, salvo el prólogo (transcurre en 1951) y el epílogo. Estos cuarenta años están protagonizados por personas anónimas (Nick ―personaje principal―, Klara y una infinidad de secundarios), pero también aparecen algunas personalidades públicas (Hoover ―director del FBI en 1951―, Frank Sinatra, etc.), así como acontecimientos históricos de gran calado (la crisis de los misiles de Cuba, la guerra de Vietnam…). Estos son los ingredientes, pero la narración no es lineal sino que, además de los saltos temporales, la atención va recayendo sobre distintos protagonistas, desentrañando las conexiones existentes entre ellos conforme avanza la novela, aderezando todo ello con reflexiones políticas e históricas. De esta forma conocemos lo que hay entre bambalinas, un submundo que interrelaciona y conecta todo, un sustrato común.

La historia se narra desde múltiples perspectivas: narrador omnisciente, Nick, Klara… pero este ir saltando de un punto a otro se ejecuta de una forma fluida, casi natural (alejada de la estructura rígida de El ruido y la furia, con cuatro partes claramente diferenciadas para Benjamin, Quentin, Jason y Dilsey). El paradigma de esta narración es, sin duda, el prólogo El triunfo de la muerte, donde el cuadro de Brueghel adquiere una especial significación. El prólogo narra el tercer y último partido de la final de béisbol disputada el 3/X/1951 entre los New York Giants y los Brooklyn Dodgers. La narración es magnífica. DeLillo trabaja con todo el estadio, como si fuera un pintor va dando pinceladas aquí y allá: se centra en el devenir del partido, para saltar a las emociones de los espectadores, para continuar con la narración del locutor, para enfocar a Frank Sinatra, para… Esta multiplicación consigue que, efectivamente, parezca que estás en el estadio sin perder absolutamente nada de lo que acontece. Según explica el propio DeLillo (1): «El prólogo está escrito en una especie de superomniscencia. Hay frases que pueden empezar en una parte de la cancha y terminar en otra. Quería abrir la frase. Es como si les gustara viajar; se desplazan de la mente de una persona a la de otra». Para mí, el prólogo es de los mejores textos que he leído; si os gusta el cómo, además del qué, os lo recomiendo, aunque no acabéis con las novecientas páginas del libro; además, el prólogo tiene entidad propia, de hecho, se publicó en 1992 como novela corta, titulada Pafko at the Wall, en la revista Harper’s.

El prólogo, el epílogo, las páginas dedicadas al Bronx (adolescencia de Nick) y la sección de artículos históricos son las que más he disfrutado del libro. Además, los diálogos son ágiles, verosímiles, vigorosos, con una naturalidad que te transporta al bar para acodarte con Big Sims y Nick, al desierto para atender la explicación de Klara, al Bronx para pegar la oreja a la palabrería de Nick con sus amigos. Por otra parte, la pelota con la que los Giants consiguen el home run ganador es un hilo conductor, más o menos constante, a lo largo de todo el libro, como si fuera un personaje más se desvela cómo ha ido pasando de unas manos a otras. A mi modo de ver, tiene un significado importante en el libro; Nick (su poseedor actual) comenta: «Bueno, tampoco la compré [la pelota] por la gloria y el drama que entrañaba. No tenía nada que ver con que Thomsom hubiera logrado un home run. Sino con el lanzamiento de Branca. Tiene que ver con la pérdida».

Con todo lo que he comentado, no quiero dar la impresión de que sea un libro fácil. No me lo ha parecido, no es un libro de playa, más bien de sofá y con la mente despejada. Cómo no, también tiene sus peros, no hay que olvidar que es un libro de novecientas páginas y, por tanto, es imposible mantener el atractivo y el interés permanentemente. Algunas partes me han parecido largas y algo aburridas, pero ¿qué libro de esa longitud no tiene altibajos? Sin embargo, otras que en un principio pudieran parecer más tediosas, la sección 5 que trata en mayor profundidad los temas más políticos y públicos, se lee con verdadero interés, en este caso, más por lo qué está contando que por la forma.

Submundo es un libro de respiración profunda, para ir degustándolo poco a poco. Un libro excelente.


EXTRA PARA LOS INDECISOS

- En el artículo The power of the history DeLillo explica cómo surgió la idea del prólogo y comenta también Submundo; aquí os dejo la portada a la que hace mención  4/XI/1951 del New York Times

- Si aún no estáis decididos… mis últimos cartuchos: Análisis de Martin Amis y Análisis de Eduardo Lago


(1) Reportero, David Remnick, Debate 2015

martes, 1 de noviembre de 2016

Reseña: "El móvil", de Javier Cercas


Autor: Javier Cercas
Título: El móvil
Editorial: Tusquets (colección andanzas)
Idioma: Español
Año de publicación: 2003
Valoración: Bastante recomendable
  
“El móvil” ha sido rescatado por Cercas, era el último relato (o novela corta, tiene unas cien páginas) de un libro, “El móvil”, compuesto por cinco relatos y publicado en 1987; los otros cuatro relatos han sido suprimidos por ser «derivativos, fruto de ciertas lecturas y ciertas experiencias pobremente asimiladas», según explica el propio Cercas en la nota preliminar.  

Resumir una historia sin destriparla es siempre complicado, más aún cuando es policíaca y metaliteraria, como es el caso. Vamos a intentarlo: Álvaro es un abogado que anhela ser escritor y no duda en poner todo su esfuerzo. Está trabajando en una novela, pero no en una cualquiera sino en una «obra ambiciosa de alcance universal»; según su análisis literario, lo más apropiado es que la realidad sea el motor de su inspiración. El protagonista de su novela también es un escritor que, a su vez, escribe una novela. Ambos, Álvaro y protagonista, tienen una comunidad de vecinos parecida. El apoderarse de la realidad para plasmarla en la ficción conllevará una fusión entre ambas, revelándose esta contra aquella. Como se suele decir, hasta aquí puedo leer (prefiero pecar por defecto que por exceso).  

Lo primero que me ha llamado la atención es la edad con la que publicó “El móvil”, veinticinco años. Además, he creído entrever que Cercas, tan joven, ya tenía más o menos claro por dónde transitaría su mundo literario: «Cualquier tema es bueno para la literatura; lo que cuenta es el modo de expresarlo». Si bien es cierto que el tema en las novelas de Cercas es importante, la forma con la que lo afronta es lo que más lo caracteriza. Esta novela corta podría considerarse un ensayo de laboratorio, como una pequeña prueba que después ha ido aplicando y afinando en el resto de sus obras.

En esta novela corta tenemos, considerando a Javier Cercas, tres escritores que están contando la misma historia, pero en tres niveles distintos de realidad, permitiendo el juego escritor-lector, realidad-ficción y escritor-escritura. Cercas, al igual que otros escritores, injerta en sus obras la realidad (del escritor) y la ficción; por ejemplo, “El acercamiento a Almotásim” de Borges o, yéndonos al origen de la novela moderna, la segunda parte del Quijote. En “El móvil” Cercas emplea el mismo juego especular, pero no con la realidad del propio Cercas sino con la realidad de Álvaro (algo así como la película “Origen”, el sueño del sueño del...). El artilugio metaliterario es sugerente y está muy bien armado: escritor/personaje/lector.

lunes, 17 de octubre de 2016

Reseña: "Blitz", de David Trueba


Autor: David Trueba
Título: Blitz
Editorial: Anagrama
Idioma: Español
Año de publicación: 2015
Valoración: Se deja leer

David Trueba nos muestra, a través de una suerte de bitácora mensual, como a lo largo de un año se forja una relación descompensada en edad (unos treinta años entre cada uno de los miembros de la pareja) pero muy cercana en necesidad; para ello, de forma acertada, se aleja de los estereotipos de mujer fatal y guaperas arrebatador. Los coprotagonistas podemos ser usted y yo, personas corrientes.

La historia comienza justo cuando el joven Beto es electrocutado por el relámpago que supone saber que su novia lo engaña con otro. Esta situación, ya de por sí traumática, acontece cuando Beto se siente extraño en su mundo profesional y, además, está en el extranjero, en concreto, en Alemania para defender su proyecto: “El Jardín de los tres minutos”. Ante esta descarga Beto topa con su soledad, tanto carnal como espiritual, y atolondrado deambula por Berlín buscando, tal vez, un lugar como el jardín que él ha proyectado para reflexionar y darse su tiempo. Sin embargo, no dispone ni de esos tres minutos porque necesita solventar quehaceres más rutinarios: dónde dormir, qué hacer con las maletas, cómo volver a casa. No es un robinsón y sobrevive al aguacero gracias, por un lado, al resguardo que le ofrece Helga (una señora sexagenaria voluntaria en el congreso) y, por otro, a su propio carácter acomodaticio e irónico, que recuerdan a algunos de los personajes de Woody Allen.

El soporte de la novela radica en esta pareja y, especialmente, en sus encuentros sexuales en los que el roce de la piel consigue que olvidemos los cánones de belleza. Para que la historia esté bien engranada David ha invertido más de dos tercios de la novela. Sin embargo, el reloj de arena que marca el tempo de la historia fluye demasiado rápido una vez que Beto llega a su patria, como si David tuviera prisa por contarnos el final, lo que hace que la estructura no esté suficientemente apuntalada y surjan dudas sobre la credibilidad del final. Con algo más de extensión podría haber dado más cuerpo y sustento al final de la historia y, además, haber tratado temas que se entreven pero en los que no se profundiza aunque el material (chico joven en el extranjero) sí daría para ello; como por ejemplo: la crisis económica y de valores, el exilio del paro, el trabajo no vocacional, etc. Por último, llama la atención el uso de las ilustraciones a las que no consigo encontrar una utilidad.

En resumen, es un libro que no teniendo gran calado, está bien.

Aquí os dejo un fragmento del libro (ofrecido por la propia Editorial): Fragmento Blitz

viernes, 14 de octubre de 2016

RESEÑA: "BARI, LA PRINCESA ABANDONADA" de Hwang Sok-yong.


“Bari, la princesa abandonada” de Hwang Sok-yong tiene como base la leyenda coreana con el mismo nombre. La leyenda cuenta la historia de una princesa, la séptima hija de un Rey obsesionado por tener un hijo varón. Bari, es abandonada por sus padres, pero tras ser rescatada se embarca en un viaje por todo el mundo para conseguir el agua de la vida. Tras encontrarla se convierte en una Diosa que ayudará a las almas en el tránsito de este mundo al más allá.

En la novela de Hwang Sok-yong la protagonista comparte con la princesa tanto el nombre como su posición en la familia. Es la séptima hija de un funcionario público de Corea del Norte, abandonada en el bosque al nacer, pero rescatada por su abuela, que será su guía tanto aquí como en el mundo de los espíritus, porque Bari, también es, al igual que su abuela, una chamán y puede comunicarse con los espíritus, incluso verlos así como conocer lo que piensan los animales, porque estos a veces tienen más alma que algunos seres humanos. Así se definiría a la “heroína” de esta obra.
Tras una gran cantidad de peripecias, Bari, se verá separada de su familia, experimentará la perdida de sus seres queridos y tendrá (como la princesa con la que comparte el nombre) que recorrer el ancho mundo en  busca de “su agua de vida”.
La novela nos habla (y hace mella) en diferentes temas sociales, muy especialmente en la inmigración (siempre forzada) la religión y la igualdad. Todos los personajes del libro comparten un rasgo común, son supervivientes de su propia aventura y desventura. A lo largo de las páginas del libro nos encontraremos con personajes que influirán en la vida de la protagonista, aquellos que la ayudan y aquellos a los que tendrá que sobrevivir. El libro adereza la historia con toques “fantásticos” y “espirituales” que rompen un poco con el género migratorio pero que tan íntimamente se relacionan con la cultura coreana, donde lo físico y lo incorpóreo vas unidos.
La novela es una reflexión sobre cómo las diferencias no deberían separarnos sino unirnos, porque todos venimos, si no del mismo sitio, de lugares comunes, pretende hacernos ver la necesidad de la ayuda mutua y que sin ella es muy difícil sobrevivir, ya sea en una indeseable migración (como le ocurre a Bari en su travesía a Londres) o en el día a día. Por último (coincidiendo también con la última idea expuesta en el libro) nos habla de la necesidad del perdón, porque no es bueno viajar con un barco lleno de rencores.

Os lo recomiendo, es una lectura sencilla, comprometida y un buen acercamiento a la literatura surcoreana.