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domingo, 26 de marzo de 2017

Reseña: "El bar" de Álex de la Iglesia


 
Título: El bar
Año: 2017
 
Duración: 102 min.
País: España
Director: Álex de la Iglesia
Guión: Álex de la Iglesia, Jorge Guerricaechevarría
Calificación: Buena. 7 sobre 10
Participante en el Festival de cine en español de Málaga 2017. Fuera de Concurso.

 
En El bar, Álex de la Iglesia nos presenta una historia opresiva que se desarrolla en su mayor parte en el interior de un típico local de barrio donde uno nunca pensaría que puede pasar nada y en otros pocos escenarios que no comentaré, y que mantiene el interés aunque en algunos momentos las situaciones se alargan más de lo necesario. Algún recorte de metraje no vendría mal.
Una circunstancia inesperada va a poner en marcha la no del todo razonable mente de los presentes hasta construir un aparente castillo de naipes de enormes dimensiones y trágicas consecuencias. Buenas dosis de imaginación, bastante fantasía y alguna que otra trampa para ajustar una trama  llevada en los principales papeles por Secun de la Rosa, Mario Casas, Jaime Ordoñez y Carmen Machi. Blanca Suarez, a la que me resulta más complicado valorar por lo que comentaré más abajo, completa el quinteto de protagonistas a los que hay que añadir a una magníficamente maquillada Terele Pavez, sin restar valor a los papeles cortos pero justos del resto del elenco.
Destacar quizá la interpretación del malagueño Jaime Ordoñez, olvidando su caracterísitica calvicie para interpretar a un personaje extraño dentro de lo extraño.
Con personalidades extremas en ocasiones que en mi opinión podrían pasar fácilmente a una viñeta de cómic de Ibáñez y un guión con momentos violentos e incómodos, como en la mayor parte de su filmografía, de la Iglesia vuelve a presentarnos individuos nada tibios en una situación que se hace extrema contando con la colaboración de la mayor de las armas para el suspense:  el cerebro del espectador y en este caso, de los propios protagonistas.
Si tengo que poner un pero a la película es el hecho de que Blanca Suarez tenga que mostrarse ligera de ropa durante buena parte del metraje. Un aspecto que reconozco que no me desagradó en absoluto, pero que desde el punto de vista del filme es absolutamente prescindible. Me temo que en esto si patina el director introduciendo ese trozo de carne femenina al parecer aún imprescindible en muchas de nuestras cintas.
La trama intenta mantenernos en tensión en todo momento y aunque en ocasiones se pierde ligeramente, se mantiene el interés aunque a uno algunas situaciones le puedan parecer rocambolescas.
Con un final en el que cabe plantearse si la explicación propuesta puede ocurrir en un país como el nuestro, la película se apoya en las reacciones de individuos enfrentados a una tensión máxima en un entorno que, aunque nunca confirmado desde fuera, alimenta continuamente la vida del guion.
Humor negro y tensión en una película de personajes que generan por sí mismos la historia, más con sus palabras que con sus gestos. Se sale con buen sabor de boca, salvo, imagino, que se sea excesivamente sensible...o claustrofóbico. O que no te guste Álex de la Iglesia.
 
 

 
 
 

jueves, 26 de enero de 2017

Reseña de Tigre y Dragón, la espada del destino.

Cuando me enteré de que Netflix iba a atreverse con una secuela de Tigre y Dragón, la película con la que el director Ang Lee deslumbró al mundo en el año 2000, me llevé una gran alegría. No es que el fuerte de Netflix sea la producción de películas, pero llevan un tiempo intentando corregir eso y pensé que esta producción podía suponer un fuerte golpe sobre la mesa por parte del gigante de las series en streaming. Además, iban a contar con una de las actrices de la cinta original, así que había motivo para la esperanza. ¿Cómo ha quedado la cosa? ¿Es una secuela digna de la original? Mi veredicto es un claro NO, pero voy a intentar argumentar mi opinión sin hacer leña del árbol caído y resaltando también las cosas positivas de la película, que las hay.


La espada del destino retoma personajes de la cinta original (uno de ellos aparece y a otros solo se los menciona) para contarnos una historia que tiene lugar quince años después. La actriz Michelle Yeoh se mete de nuevo en la piel de Yu Shu Lien, un personaje que en esta ocasión debe proteger la espada celestial que un día perteneció a su amado Li Mu Bai del villano de turno que intenta hacerse con ella para proclamarse líder de las artes marciales. En medio de todo esto aparece un personaje de su pasado, el interpretado por Donnie Yen, el fichaje de peso en esta producción que viene a llenar el vacío de Chow Yun-Fat sin conseguirlo.

La historia, como veis, tiene muy poca chicha, y si al menos estuviera apoyada por personajes magnéticos, buenos diálogos o imágenes y músicas sugerentes, como ocurría en la película de Ang Lee, se le podría perdonar. Pero eso no sucede: los personajes resultan poco interesantes porque desde el principio sabes de sobra qué lugar ocupan en la historia y, sobre todo, cómo van a acabar. Solo Michelle Yeoh y Donnie Yen consiguen irradiar algo de magnetismo, y es más por su porte y su carisma que porque tengan o hagan un buen papel. El resto de actores tienen papeles de relleno, lo cual es especialmente doloroso en el caso de la pareja joven, ya que hay un intento de darles protagonismo que no cuaja.

En esta película hay acción por un tubo. No pasan 10 minutos sin que veamos una pelea, lo cual es un acierto teniendo en cuenta que ni la historia, ni los personajes ni la dirección nos van a retener frente al televisor. Y todo hay que decirlo: las escenas de acción sí están a un buen nivel, con momentos brillantes. ¿Pero era Tigre y Dragón simplemente una película de artes marciales? No, ni de lejos: una persona que se acercara a ella sin otra motivación que la de ver peleas de chinos, se llevaría una gran decepción al enfrentarse a su ritmo pausado, sus silencios y sus sutilezas.

Podemos decir, para no alargarnos más de lo necesario, que Tigre y Dragón, la espada del destino, es una película de artes marciales entretenida, pero no esperéis encontrar ni un ápice de la poesía visual y sonora que había en la cinta original; solo la pelea sobre el lago helado tiene destellos de ese estilo, pero duran muy poco. Netflix ha sido valiente, y hay cosas muy dignas en esta película para tratarse de una producción que se salta los cines y la distribución en formato físico para llegar directamente a televisores, móviles y tabletas en streaming, pero es también una oportunidad perdida para hacer una película que podría haber supuesto un paso adelante en este tipo de producciones, hasta ahora algo flojas.

Una lástima.